El tiempo - Tutiempo.net

Sábado 04 de Abril del 2026

04-04-2026

EL DIARIO DE LA RIOJA -

Coalición Epstein/Irán: ¿qué papel juega Siria?

LA RIOJA.− Ya no estamos ante una hipótesis sino frente a una realidad operativa en desarrollo: el experimento político de Ahmad Ash-Sharaa (Al-Yulani) como figura rectora de una “nueva Siria” ha ingresado en su fase de descuento. Lo que alguna vez fue presentado como una transición posible, hoy se revela como un orden frágil sostenido por equilibrios externos cada vez más inestables.

Por Ahmad Diab

 

El reordenamiento silencioso del poder

Uno de los errores estratégicos más relevantes de Occidente ha sido asumir que las estructuras del antiguo régimen de Bashar Al-Asad se disolvieron con su caída. No ocurrió tal cosa: lo que tuvo lugar fue una translocación táctica del poder.

El llamado “núcleo de hierro”, representado por las Fuerzas Tigre (División 25), lejos de fragmentarse, ejecutó una retirada ordenada hacia zonas de alto valor geoestratégico: el corredor occidental lindante con Turquía y la franja costera bajo influencia rusa. Allí no solo preservaron su cohesión −ayudados por sus correligionarios alevíes de Turquia en cuanto a sustento alimenticio−, sino que mantuvieron intacta su cadena de mando, operando hoy como una fuerza de élite en estado de latencia, a la espera de condiciones favorables para reemerger.

A esto se suma un factor frecuentemente subestimado: la reserva siria en Irak. Decenas de miles de combatientes −sunnitas, alauitas y drusos− no deben ser leídos como desplazados o exiliados, sino como una fuerza militar con experiencia acumulada en combate urbano, actualmente integrada o coordinada con milicias shiíes. Su conocimiento del terreno sirio y de las debilidades logísticas de las actuales facciones gobernantes los convierte en un vector de presión decisivo.

Importa subrayar que esta masa combatiente no lucha por el retorno de una figura −Bashar Al-Asad, hoy políticamente silenciado y posiblemente sabedor de su destino a la antigua usanza tribal árabe− sino por la restauración de un orden estatal que, con todos sus defectos, ofrecía previsibilidad frente al caos fragmentario asociado al pasado sombrío de Ash-Sharaa.

El factor estadounidense: entre narrativa y repliegue

La narrativa de una “victoria definitiva” sobre Irán impulsada por Donald Trump ha comenzado a erosionarse frente a la dinámica real del año 2026. Con la proximidad del 3 de noviembre y un electorado fatigado por los costos económicos de la proyección militar, la administración estadounidense enfrenta un dilema clásico: persistir o replegarse.

Si decide lo primero, es que no aprendió nada de la historia reciente de los yerros de Vietnam, Irak; o de la historia napoleónica y hitleriana en Rusia.

Irán ha interpretado esta coyuntura con precisión estratégica. Sus acciones −incluyendo ataques limitados contra posiciones estadounidenses en Siria e Irak− no buscan una confrontación total, sino acelerar el costo político del despliegue militar norteamericano.

Un eventual repliegue de EE. UU. tendría implicancias inmediatas: “Israel” perdería parte sustancial de su cobertura logística, tal vez no la inteligencia satelital y profundidad estratégica. En ese escenario, y con un frente libanés activo y presión iraní sostenida, su capacidad para sostener indirectamente al gobierno de Ash-Sharaa se vería seriamente comprometida.

El Golfo: del intervencionismo a la contención

Las monarquías del Golfo atraviesan una transformación silenciosa pero profunda. La experiencia en Yemen dejó al descubierto límites estructurales: superioridad tecnológica no garantiza victoria frente a actores asimétricos resilientes; una coalición conformada por casi todos los países árabes corría desorbitada por el desierto huyendo de guerreros yemeníes en ojotas, mal comidos y mal armados.

Hoy, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos operan bajo una lógica de neutralidad prudente, más cercana al instinto de supervivencia que a la proyección de poder. Sus centros urbanos altamente vulnerables y su dependencia de infraestructuras críticas −como refinerías− los convierten en objetivos sensibles ante una eventual escalada con Irán.

En consecuencia, han pasado de ser actores activos en Siria a observadores cautelosos, alternando entre financiamiento indirecto de alianzas occidentales y señales diplomáticas hacia Teherán. Esta ambivalencia revela no fuerza, sino incertidumbre estratégica.

La encrucijada de Ash-Sharaa

Consciente del deterioro de su posición, el blanqueado Ash-Sharaa parece haber activado una estrategia de supervivencia basada en movimientos de alto riesgo. Entre ellos, destacan los intentos de aproximación indirecta a “Israel” bajo la promesa de una Siria desvinculada de la influencia iraní.

Sin embargo, este giro tiene un costo interno devastador: erosiona su legitimidad entre sectores sunnitas radicales, dejándolo sin una base de apoyo coherente. En términos políticos, queda atrapado en un vacío: demasiado pragmático para los radicales, demasiado débil para los actores estatales, y una presa codiciada para los alauitas que estan a la espera de su venganza.

En paralelo, Turquía −su principal sostén− actúa bajo una lógica estrictamente pragmática. Si Ankara obtiene garantías sobre la contención de la cuestión kurda por parte del eje Irán-Irak-Rusia, no hay incentivos estructurales para sostener indefinidamente a Ash-Sharaa. En ese escenario, su figura podría convertirse en una moneda de cambio en una negociación mayor.

Hacia una nueva configuración: la “Pax Iraní”

La convergencia de estos factores sugiere un desenlace posible: una reconfiguración violenta del territorio sirio bajo influencia iraní. El esquema operativo sería claro: avance desde el este de fuerzas coordinadas en Irak, combinado con la reactivación del núcleo militar del oeste sirio (tal vez al frente el general Suhail Al-Hasan admirado por propios y extraños).

El resultado probable sería el colapso del actual gobierno de transición en Damasco, debilitado por su heterogeneidad interna y por la falta de cohesión ideológica. En ese contexto, múltiples unidades podrían optar por la deserción o la realineación antes que sostener una estructura percibida como inviable.

Ante el riesgo de una escalada regional sin respaldo pleno de Washington, “Israel” podría verse forzado a adoptar una postura defensiva, replegándose hacia posiciones estratégicas como el Golán y evitando una confrontación directa de gran escala, y no seguir abriendo frentes con una población harta de la cultura del refugio permanente.

El retorno de la geopolítica de bloques

Lo que se perfila no es el fin de la guerra siria, sino su transformación. La idea de una Siria neutral o alineada con Occidente bajo el liderazgo de Ash-Sharaa se diluye frente al peso de estructuras militares que nunca desaparecieron.

Irán se encuentra cerca de consolidar un corredor estratégico continuo hasta el Mediterráneo, alterando de manera duradera el equilibrio regional. En este tablero, el calendario electoral estadounidense emerge como un factor determinante, capaz de inclinar decisiones que trascienden lo doméstico.


---------------

(Ahmad Diab: periodista/analista/escritor/Presidente de FIYAR (Federación Argentina de Entidades Islámicas Yafaritas); Encargado de los Asuntos Religiosos del Centro Islámico de la Provincia de La Rioja).

DEJANOS TU COMENTARIO


COMENTARIOS