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Miércoles 18 de Septiembre del 2019

10-07-2019

EL DIARIO DE LA RIOJA-

Si tu presente es igual a tu pasado, tu futuro es predecible

LA RIOJA.- (Especial por el Prof. Alejandro Pulquillanca).- Un pueblo que no conoce su historia esta destinado a repetir los errores del pasado, dicta una frase por ahí.
Cuando estaba en la secundaria, hace más de 25 años, llegó a mis manos un deshojado libro que me llamó la atención. Se llamaba “Rosas visto por sus contemporáneos” (mi profe de literatura se espantó al ver el libro encima de mi carpeta) donde el autor hacia una recopilación de los testimonios de aquellos que conocieron a Juan Manuel de Rosas.
 
Allí se relataban muchas cosas que nos dejarían sorprendidos, sobre todo porque al final se mostraban las cartas de él dirigidas a otros de su entorno, donde mostraba gran parte de su personalidad, la cual era afirmada por otros testimonios: un hombre enérgico, duro para muchos, que no tenia problema de mandar a la Mazorca a que te aprieten; te corten la cabeza y te la claven en una pica, como símbolo de lo que le  pasaría al que se atreviera a desafiarlo o llevarle la contra.
 
Tiempos difíciles para mi Argentina y complicados. Algo parecido a lo que pasó con los militares, no con los militares de hoy ni con todos los de esa época, de seguro habría de todo, pero llamar comunista, marxista, leninista, sedicioso, montonero a todo aquel que no pensara como ellos, era extremo.
 
Hoy se vuelve a repetir esa historia, unitarios y federales, peronistas y radicales, militares y los demócratas, los de derecha, neoliberales y los de izquierda, pañuelos verdes y pañuelos celestes, machistas y feministas, la lista se hace interminable, hemos aprendido muy poco de nuestra historia, y menos sobre tolerancia, no somos tolerantes con los que piensan distinto.
 
Nuestro país sigue viviendo la misma historia que ha vivido por años, donde la división y la intolerancia ha formado parte desde las raíces, donde unitarios y federales, con grandes elementos de los dos lados bandos de la historia, fueron muertos o tuvieron que exiliarse para no terminar así; otros al ver los problemas se fueron del país, por el que lucharon toda su vida,  guardando su espada, que ahora los acompañaría desde lejos al ver la patria dividida.
 
Aquí, donde todos creen tener la razón, o lo más grave donde una sola parte se adjudica toda la razón; donde la intolerancia se ha convertido en el pan de cada día de un montón de personas que quieren opinar de alguna manera distinta, el resto le censura sin miramientos, sin compasión por el buen nombre de nadie, donde te pueden escrachar solo por haberte atrevido a pensar diferente, creando una santa Inquisición de la cual nadie puede escapar; donde no se salva nadie, ni siquiera los edificios que algunos consideran sagrados, como iglesias o templos, donde el vandalismo está muy lejos de ser una pelea por ideas, y todo esto a la luz del día, con las agencias de seguridad viéndolo, pero con las manos atadas, ya que al intervenir, podrían ser juzgados de represores, o algo peor, como ser condenados por violencia de género.
 
Volviendo a la frase de conocer el pasado para no repetir la historia, no conocemos nuestra historia, nos hacemos los distraídos con lo que sabemos, o preferimos hacernos los distraídos para evitarnos problemas: Me inclino a pensar que es mitad de cada cosa, porque a veces es mas fácil hacerse el tonto y mirar de lejos pensando que las cosas se arreglaran de manera mágica, además esto te ahorra problemas. El tema es que las cosas se están agravando y hasta el sentido común se va perdiendo en un montón de gente que grita y que piensa que gritando a la otra mitad eso le otorga el derecho de asignarse la victoria.
 
Si continuamos repitiendo el pasado, no hace falta ser adivino para darse cuenta la Argentina que le dejaremos a los que nos seguirán, y esto no tiene nada que ver con una grieta, esto  esto viene de hace décadas, podríamos parar la pelota y fijarnos hacia donde queremos hacer el pase, pero para eso hace falta lo que siempre hablamos en las escuelas, que aprendamos a respetar al otro, no hace falta que piense como yo, desde que tengo noción mi padre, un genio de 70 años ha sido de River, y yo de Independiente, al comienzo no lo entendió, (yo tenia 8 años cuando decidí cuál seria mi equipo) pero eso jamás nos ha separado, más que algunos chistes en algunos partidos, nos reímos a pesar de que tenemos equipos distintos. ¿Podremos pensar distinto sin caer en la falta de respeto?
 
Algún día nos detendremos a pensar de que esta Argentina es la casa de todos, que si se prende fuego en alguna habitación, yo no podría reírme pensando que ese fuego no me afectará, o que solo quemará a los que se encuentren en esa parte de la casa, tarde o temprano me llegará. ¿No sería mejor para nosotros apagar el fuego que se prendió para que todos seamos los beneficiados en lugar de discutir si lo apagamos con agua o con un extinguidor mientras la casa arde y el fuego se propaga?
 
Mi pregunta es: ¿No tenemos derecho a pensar diferente? ¿Acaso la democracia no nos permite el poder expresarnos con una opinión distinta? ¿No rayan los insultos, escraches, como una forma de violencia que hemos naturalizado? ¿Acaso no es una forma de persecución a la que no queremos volver con la boca, pero que en la práctica la vivimos de manera diaria?
 
Somos un gran país, y tenemos grandes ideas, pero no podremos llevarlo adelante, mientras haya un grupo que piense que prenderle fuego a la otra mitad es la forma de salir adelante, que con insultos, mentiras y trampas no levantaremos nunca a nuestra Argentina que quiere crecer, que alguna vez se nos podría pasar por la cabeza que puedo estar equivocado, que no tengo la razón, que no me las sé a todas; que tengo que aprender del otro y que otro puede estar en lo correcto. Creo que tenemos una estima tan grande de nosotros mismos que nos parece indignante asumir esta posibilidad, porque siempre pensamos que tenemos las ideas más geniales.
 
No tenemos que atacarnos sin misericordia pensando que eso es tener una postura firme, eso parece más una mente cerrada que convicciones, y por ende tampoco podremos crecer como personas.

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