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Domingo 27 de Septiembre del 2020

11-09-2020

Héroes de guardapolvos blancos

LA RIOJA.- (Por el Profesor Alejandro Pulquillanca).- He visto una raza de seres que son capaces de pensar con claridad, pero que son humillados por la sociedad; por los políticos de turno; que son incomprendidos por los que viven a su lado y que siempre les preguntan: ¿Por qué lo siguen haciendo?

Los tuve desde niño, se acercaron a mi cientos de veces cuando fui un cabeza dura con las tablas que aprendí recién en cuarto grado, para decirme que volviera a intentarlo, raza no perfecta, pero sí capaces de insistir hasta el final; que fueron capaces de mostrarme un mundo de conocimientos sin darse cuenta que los más importante me los enseñaron con su ejemplo, con sus valores.

Ya sea con el frío en las mañanas y muchos de ellos enfermos, con tos, resfriados, y hasta fiebre se paraban delante de 43 niños de 10 años, y daban su clase en medio de estornudos y sus narices rojas, que muchas veces se ocupaban más de nosotros que de sus propios pequeños que estaban en sus casas.

Muchas que me fueron a ver al hospital cuando caí internado por un golpe en cuarto grado, para contarme que los chicos preguntaban por mí y que no me preocupara por las tareas porque ella volvería a explicar los temas cuando yo regresara a la escuela.

Que en su día recibieron de mí, un niño muy pobre, unas flores de un duraznero que me robé por el camino, porque no quería caer con las manos vacías sin un regalo para ella, la cual al verme me miro con mis flores, sin paquete, sin una cinta y me dio un tremendo abrazo en medio de una veintena de buenos regalos sobre su escritorio: perfumes, lapiceras Parker, agendas, calculadoras, cadenas, ella supo apreciar una flor de durazno con la misma fuerza que supo apreciar al resto de los regalos de mis compañeros y tomo mis flores orgullosa de su regalo, cuando terminó su día con nosotros.

Ese día le conté a mi madre que ella se había puesto contenta con mi regalo y hasta me había dado un beso.

Esta raza se llevan algunos nombres a sus casas, los tienen en cuenta, piensan como harán para aprobar a ese niño, como el compañero mío, que yo sabía que nunca estudiaba, porque vendía lápices negros en la calle San Martin, en Mendoza, y cuando quisimos burlarnos de él porque trabajaba, ella nos reprendió y sacó una lección para todos nosotros: “Es un ejemplo para todos ustedes, él ya sabe cómo ganarse el pan”.

Me quedé callado no porque entendiera todo, pero entendí que mi compañero pasó de estar humillado a ser el héroe de la clase; eso solo lo pueden hacer los héroes, ella lo era. Por eso cuando pasábamos con mi madre por la calle San Martin le pedía que pasáramos por donde estaba Cornejo mi compañero y le compráramos gomas y lápices, porque él sabía ganarse el pan como decía mi maestra.

Que sabían más de solidaridad que un tratado de Teresa; que nos enseñaron a compartir gomas, lápices, hojas, a mí papel secante de otro compañero que había llevado mucho, para el bendito germinador que me llevaron después de esa maravillosa experiencia, a plantar porotos en el patio de mi casa, hasta los vi dar las vainas con semillas adentro, todo por ella, su lección había salido del aula, pero más que compartir,  a darnos cuenta de que siempre hay otro que la pasaba peor que uno de nosotros y que de ahí surgiría la solidaridad sin pedirla, que podía contradecir a mi madre, cuando me compró los lápices nuevos y me dijo:

“Estos lápices son nuevos no se los prestes a nadie” pero con el dolor de mi alma le tuve que desobedecer, ya que mi maestra ya me había dejado una marca, tenía que compartir con mis compañeros,y yo quería agradarla a ella, porque ahora había otra mujer en mi vida.Que me mostraron que eran no solo una raza: eran algo más allá, que en sexto grado, paró una clase porque dijo que haríamos algo distinto más importante que lengua y matemáticas y nos llevó a mis compañeros de grado a escribir un afiche amarillo con buenos deseos y dibujos para que mi compañero Marcos los leyera en su casa, ya que estaba un poco enfermo, y ella se los llevaría para que supiera que todos pensábamos en él, todos le pusimos notas, dibujos, bromas al afiche.

En otra clase nos dijo que Marcos nos mandaba saludos y que esperaba volver al grado lo antes posible, con el tiempo me dí cuenta de que estaba muy mal, ya que a los 4 meses algo que no conocía llamado cáncer se lo llevó, y ese día fuimos con todo el grado a su funeral, todos nos abrazamos y lloramos mucho, ella nos abrazó y nos dijo que todos éramos sus hijos y lloró más que todos; la vi sentada mientras todos la abrazábamos, pero era ella quien nos consolaba a nosotros,  que se acercó a la madre de Marcos y la abrazó, como si las dos hubieran perdido un hijo ese día, y creo que fue así, en una casa había quedado un vacío, y en nuestra aula, faltaba una voz, la de Marcos, ese día descubrí que los niños también morían, no solo los grandes.

Que son sensibles en extremo, lo sé porque una vez hice llorar a una por mi culpa en tercer grado, cuando le dije que no me quería porque era diferente, y recién entendí, cuando se tapó la cara con las manos, porque una lagrima le asomaba por los ojos, cuánto me quería y yo no me había dado cuenta, nunca más dudé de su cariño, no tenía que haberme querido, pero se empeñaba en darme atención, y como era callado y silencioso más de una vez me preguntó si algo me pasaba, y hasta chupetines me dio para hacerse mi amiga.

Te vi con cariño revisarnos el pelo a todos en el curso para luego decirnos a todos juntos que con vinagre y agua podíamos combatir los piojos, jamás me delataste, yo sabía que yo era uno de los que tenía piojos, pero nunca me lo dijiste, siempre el aviso era para todos, no querías avergonzarme delante de mis compañeros.

Las vi incomprendidas cuando nos despedíamos cada fin de año,  recuerdo que nos decías que te fuéramos a visitar siempre, que te alegraría siempre volver a vernos pero cuando pasábamos de grado, al otro año y cuando pasábamos cerca tuyo, algunos de mis compañeros no te saludaban, no les decías nada, porque aun los amabas demasiado, pero hoy sé que tu corazón por dentro brilló por una lagrima: la de la ingratitud.

Después conocí otras raza igual que la otra, pero aquí en mi Rioja, aprendí con mi Seño Magdalena como se hace una verdadera pelota de fútbol con medias, a ellas le salían bien, la AFA se perdió tus modelos, no sabes cuánto me dejaste dentro mi Seño Marta que me enseñó a hacer un círculo con un clavo y una piola, se las ingeniaba para enseñarme geometría, y no fracaso, amo geometría, pero tú descubriste eso en mi antes que yo.

Mi Seño Hilda, que me dio más abrazos que mi madre, y hasta hoy todavía tengo el honor de verla, de vez en cuando, al poder cruzarla por la calle solo que hoy camina más despacio, todavía me abraza y me saluda, seño tus abrazos todavía me llenan el alma.

Hoy muchos quieren venir de Kriptón, de una isla como las Amazonas, quieren tener súper poderes, pero ninguno de ellos se compara a esta raza, que ya los tiene y adquiere más a medida que pasa el tiempo, que merece como mínimo un aplauso de todos nosotros, o un saludo cuando vayan por la calle,  no lo recibirán es casi seguro, pero eso no es su punto débil, son héroes sin puntos débiles, lo sé.

Me marcaron tanto, que  yo intento ser uno de ellos, cada mañana  desde hace 20 años,  cuando me paro delante de un grado y digo:
-Buenos días chicos…

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COMENTARIOS

Paola Cancinos | 2020-09-12:
Es hermoso y tan cierto nosotros los maestros vemos a los niños como si fueran nuestros hijos damos lo mejor de nosotros mismos la gran mayoria ...te felicito amigo ,colega
Leonor | 2020-09-12:
Gracias Una simple y bellísima verdad. Los maestros tenemos el corazón repletos de amor por cada alumno que pasó por nuestras aulas pero siempre nos queda espacio por los que vienen en camino.